Usuario anónimo ¿Quieres tener tu propio blog?
Crear blog gratis en OboLog

La XXVIII edición del Festival contó con la participación del Dúo Salteño y Tania Libertad

viernes, 08 de diciembre del 2006

LA GACETA DE CANARIAS 11 DE SEPTIEMBRE DE 2006

Cantando en el Festival Sabandeño

Elfidio Alonso entrega una cerámica al Dúo Salteño

Dúo Salteño y Los Sabandeños cantando Merceditas 

 

ESTEFANÍA MARTÍN

LA LAGUNA.– Los Sabandeños celebraron este fin de semana su 40 aniversario por todo lo alto. La cita, la vigésimo octava edición del festival que lleva su mismo nombre y que se celebra en la plaza del Cristo de La Laguna desde 1972. Como es tradicional, el encuentro se dividió en dos partes desarrolladas en las noches del viernes 8 y el sábado 9. En la primera de ellas, desde La Perdoma, en La Orotava, los chicos de Magec, que presentaron varios temas entre los que se encontraban canciones de su primer disco titulado Ratos de parranda, consiguieron poner en pie a los asistentes que acudieron a esta velada. Tras ellos, el mítico Dúo Salteño, una institución cultural que revolucionó el folklore argentino, sorprendió con sus originales voces y su renovada música al público, que arropó esta actuación con el calor de sus aplausos. El cierre, a cargo de Los Sabandeños, supo a poco, pero se reservaron para el último tema invitando al Dúo Salteño a cantar "Merceditas", una canción del litoral argentino. Se sintieron las disonancias maravillosas de estos dos argentinos. La plaza los ovacionó. Elfidio Alonso director de Los Sabandeños les entregó una cerámica y otros obsequios, manifestando su profunda admiración y agradecimiento El segundo encuentro en el que la parranda Chimia, de Lanzarote, abrió un espectáculo cargado de buena música y buenas voces. Los nueve componentes de esta formación constituida desde el año 1996 hicieron vibrar a una abarrotada plaza del Cristo. Y es que no fue para menos. Las gargantas de los jóvenes se disputaron el aplauso del respetable que no paró de bailar y cantar durante toda su intervención. Unos excelentes cantadores e instrumentistas, como Juan Manuel Padrón Niz, Pedro César Pérez Rojas, Florián Corujo Perdomo, Francisco Hernández Callero, Ángel Rodríguez Umpiérrez, Sergio Batista Robayna, Orlando Niz Andueza, Salvador Pérez Machín y Carlos Pérez Ferraz. A su término, irrumpió en el escenario la fuerza racial de los sonidos afrocubanos de los músicos de Tania Libertad, la cantante de la paz, nombrada así por la Unesco y la voz más cándida de Perú. La obertura de Libertad la realizó su pianista, componente de Síntesis, un grupo cubano reconocido por su marcador carácter innovador en este tipo de fusiones. La peruana de ojos cristalinos recordó canciones de Pablo Milanés como El breve espacio en que no estás, de Chabuca Granda, como Fina estampa y la ranchera La que se fue, de José Alfredo Jiménez. El colofón de la fiesta de los laguneros fue obra de los anfitriones de este encuentro popular, que hicieron un repaso por su discografía y presentaron dos videoclips de su último trabajo Diamante, que recoge sus canciones más emblemáticas y conmemora estas cuatro décadas del grupo en activo. Sorpresa La sorpresa llegó de la mano de la concejal de Fiestas del Ayuntamiento de La Laguna, Julia Dorta, que entregó a Elfidio Alonso, director de Los Sabandeños, una tarta de cumpleaños a la que no le faltó la manta esperancera, atuendo canario identificativo de los de Sabanda. Alonso, se mostró agradecido y emocionado e invitó al público “a participar siempre de la música”, momento que aprovechó además para presentar las nuevas incorporaciones. Una vez concluida su actuación y como sorpresa final, la parranda Chimia subió de nuevo al escenario para cantar junto a los de La Punta y despedirse así un año más de este encuentro con el folklore y la tradición en estado puro. El Festival Sabandeño se ha consagrado por la importancia de las figuras que han participado en él a lo largo de estos años como desde Chile, Quilapayún, Inti Illimani e Illapu. De Venezuela, Soledad Bravo, Lilia Vera, Serenata Guayanesa, de Cuba, Albita Rodríguez, Omara Portuondo, de Argentina, Eduardo Falú, Los Andariegos, Víctor Heredia, Peteco Carabajal, Horacio Quiroga, Opus Cuatro. De México, Mariachi Tamazula y Los Tecolotes. De Puerto Rico, la Orquesta Nacional Mapeyé. De Marruecos, Muluk El Hwa. De Cabo Verde, Simentera. De Portugal, Antonio Rocha. Y cantautores españoles como Paco Ibáñez, Raimon, Amancio Prada, José Antonio Labordeta, el grupo asturiano Muyeres, María del Mar Bonet, Manuel Luna, los canarios Mestisay, Non Trubada, Mari Carmen Mulet, José Antonio Ramos, Benito Cabrera.

Para el Dúo Salteño, hay vida después de la nostalgia

martes, 05 de diciembre del 2006

Para el Dúo Salteño, hay vida después de la nostalgia





Gabriel Abalos - Especial para LA MAÑANA

La edad promedio de la platea hablaba del imperio de la nostalgia, lo que en mi caso quedaba disimulado tras el trajín periodístico. Desde su creación en 1967, el Dúo Salteño inyectó en el imaginario musical argentino unas cuantas ideas que nunca se habían oído en el folklore, de la mano maestra del Cuchi Leguizamón. Para nostalgia hay tela que cortar. El floruit del Dúo fue por los setenta, tiempos violentos, y también creativos, desbordantes. Muy buena época para el folklore, si las hubo.
Como nos hemos puesto escépticos, sabemos que no podemos realcanzar el pasado y, además, que si algo alcanzamos de él estará siempre fuera de contexto. Así acudimos a vivenciar el retorno del Dúo. Que ya había estado en Cosquín y este año tocó en La Trastienda, en Buenos Aires. El reencuentro en el San Martín comenzó con una ovación preliminar, al solo alzarse de las cortinas. Cheque en blanco como la barba de Patricio Jiménez, para él y para Patricio Echenique, acompañados esta vez por el guitarrista cordobés Gustavo Gancedo, que se les pegó en París.
La zamba “Bajo el azote del sol”, fue lo primero que se oyó en el silencio absoluto de la platea presta a sumergirse en esta revivificación de la memoria. Y el Dúo fue confirmando, tema a tema, algunos sustentos para emerger con la memoria para nada maltratada en este careo con el hoy. Para empezar, las voces siguen estando frescas, lo cual es un aspecto sustantivo. En segundo lugar, se trata de un reencuentro con el Cuchi, fundador, arreglador, maestro del Dúo Salteño, quien le dio su sello estilístico a partir de la materia prima vocal de Chacho y Patricio. Varios de los arreglos de Leguizamón son rescatados en el repertorio actual del Dúo, y dan ocasión de conjugar memoria y actualidad para llegar a la conclusión de que en eso precisamente consiste ser un clásico. Y el encuentro de la música del Cuchi con el color vocal del Dúo, vuelven a funcionar, desarmando todo escepticismo.
Temas como “El arriero” de Yupanqui en el arreglo de Leguizamón, sirvieron para mostrar cómo el genio del Cuchi nos hace volver a escuchar ese viejo tema bajo otra luz. Por supuesto que algunos intervalos finales de muchos arreglos se repiten hasta formar un cierto cliché, que hay revelaciones ya formuladas por el Dúo y que no todo puede re-revelarse todo el tiempo. Pero hay también mucho, muchísimo para oír y ser todavía sorprendido.
Temas como “Coplas para la luna” de José Moreno y música de Rolando Valladares,
“Zamba del imaginero”, de Tejada Gómez y Leguizamón, o “Canción de cuna para el vino”, de Castilla y Leguizamón, nos retrotraen al futuro dormido en esas canciones de hace varias décadas, al punto de encaje donde el folklore musical argentino alcanzó una mirada crítica, abierta y madura.
El retorno funciona, los cantantes son mejores juntos que por separado, el Dúo sigue siendo aquel, ese color, el empleo del falsete por Chacho, la segunda de Patricio, los temas y los arreglos del Cuchi. Con los ojos cerrados, en la penumbra del San Martín, se podía vislumbrar la misma energía original, y no caía en saco roto.

Clásico es el primero que asegura serlo

martes, 05 de diciembre del 2006

Patricio Jiménez y Chacho Echenique en Córdoba

La Voz del Interior
Domingo 22 de octubre de 2006
Edición impresa Espectáculos

En la vertiginosa y constante invención de la realidad que es necesario practicar para no quedar al margen de la a veces incomprensible experiencia de vivir que estas épocas nos proponen, ¿qué querrá decir ser un clásico? ¿La institucionalización más o menos casual y arbitraria de una vieja costumbre? ¿Un pedazo de tiempo detenido y vuelto a sincronizar según necesidades afectivas, económicas, sociales o religiosas? ¿La consagración de una maña elevada a rito? ¿La quintaesencia de la virtud explicada? Según las pruebas que día a día nos proporciona la realidad, en estos tiempos de relativización de las necesidades colectivas y urgencias individuales –sálvese quién pueda, por decirlo de alguna manera– un clásico puede ser cualquier cosa: lo que uno quiera o lo que necesite. Así como en los límites de la modernidad alguien –dicen que fue Andy Warhol, pero no viene al caso ponerse a discutir de eso ahora– dijo que el mundo está más o menos listo para complacer con merecidos 15 minutos de fama a cada uno de sus habitantes, en los zaguanes del nuevo milenio estaríamos en condiciones de asegurar que a través de esos 15 minutos de celebridad cada uno podrá convertirse en un clásico, siempre que lo creyese conveniente. Así las cosas, al final de cuentas no sería difícil llegar a la conclusión de que un clásico, así como alguna vez pudo ser una cuestión de espesor y de tiempo, ahora es más una construcción personal y subjetiva, una convicción, una cuestión de decisión. De actitud, digamos.

Clásicos viejos. En música, por ejemplo, se suele decir que al clasicismo musical vienés –alguna vez considerado el más clásico de los clasicismos– lo inventó Haydn, después Mozart lo elevó al punto más alto y más tarde vino Beethoven y lo destruyó desde la idea de progreso que le permitió pasar de época. Colorida manera de explicarlo; pero habría que agregar que todo esto sucedía sin la conciencia de los protagonistas, porque los que lo explicaron así llegaron después de que las cosas sucedieran. Es decir ellos –Haydn, Mozart y Beethoven– no fueron clásicos hasta que la historia reconstruyó el mosaico según un criterio determinado y variable a lo largo de las épocas, según el famoso cristal con que se mire. Por eso lo que ayer fue clásico hoy puede ser olvido y lo que ayer fue nada hoy puede ser clásico; y así clásico no quiere decir nada. Pero como suele suceder con los dioses, que cuando no quieren ir a algún lado mandan un arcángel rubio en representación –o con las empresas multinacionales–, los clásicos universales tienen sus corresponsales regionales y así el concepto le va ganando terreno al temido olvido.

Clásicos románticos. Todo esto viene a cuento porque este fin de semana el Teatro del Libertador –alguna vez templo vernáculo de los clásicos universales y hoy espacio abierto como para justificar una existencia que ya no se distingue de la de cualquier otra sala, total, regional o universal, todo puede ser explicado como clásico– albergó clásicos de todas las especies. El jueves se presentó el dúo integrado por la violinista Clara Cernat y la pianista Thérèse Dussaut. Las intérpretes francesas dedicaron la primera parte del concierto –organizado por la Alianza Frances de Córdoba– a Wolfgang Amadeus Mozart, en el año de las celebraciones por los 250 años de su nacimiento. Si pensamos que la obra del austríaco sintetiza lo que lo precedió y anticipa lo que va a suceder, podemos aceptar que tiene los papeles en orden como para ser considerado un clásico en serio ¿o no? El programa incluyó en la primera parte la Sonata KV 379, la Fantasía KV 397 para piano solo y la Sonata KV 403. Pero lo mejor de la noche estuvo más allá del homenaje; las características de los intérpretes, evidentemente ligados a una tradición instrumental más cercana al énfasis romántico que a la gentil ligereza mozartiana, fueron las mejores para lograr lo que lograron: una excelente versión de la Sonata Op. 105 de Robert Schumann. ¿Un clásico?

Clásicos por herencia. Otro de los clásicos que pasó por el coliseo mayor de la ciudad fue el Dúo Salteño, que el viernes convocó a un público numeroso, compuesto por jóvenes curiosos –categoría cuya probable extinción comprometería la vigencia de los clásicos en cualquiera de sus dimensiones– y viejos con ganas de volver a sentir esa felicidad que alguna vez los hizo jóvenes curiosos constructores de clásicos. Patricio Jiménez y Chacho Echenique no vienen de la Viena del siglo XVIII, sino de la Salta de Castilla y Leguizamón, que por un decreto de necesidad y belleza podrían considerarse descendientes directos de aquellos clásicos y aún de otros más clásicos todavía. En poco menos de dos horas el dúo logró hacer más música que la que se pudo haber hecho en las últimas 10 ediciones del festival de Cosquín, por tomar un ejemplo. Aún sorprende escuchar esos contrapuntos y esas voces que además de crear disonancias sugestivas despliegan un juego armónico audaz, sobre un repertorio que por el equilibrio poético musical –convendría no separar estos aspectos para que una canción sea una canción– podría considerarse clásico. Además, si cuando un artista aparece en escena y antes que haga nada ya el público le adelantó un aplauso espeso, largo y sentido –como sucedió el viernes– sin duda se ve venir un clásico. El primero de los temas fue Bajo el azote del sol, de Leguizamón y Antonio Nella Castro y el segundo uno de esos maravillosos retratos que solían hacer Leguizamón y Castilla: Chaya por Toconás, un tema que según comentaba Chiquito Catramboni –integrante de aquellos Trovadores– está en el primer disco del dúo, "el que resume todo lo que son", dijo. Entre otras páginas memorables siguieron la milonga Tiempo de mayo, la chacarera El hombre del ají, la estremecedora zamba Cartas de amor que se queman, El arriero y otros temas que formarán parte del disco que según aseguran comenzarán a grabar en estos días. Al final, se despidieron con los clásicos –siempre ellos– La arenosa, La pomeña y Zamba de Juan Panadero, esa que empieza cantando "Qué lindo que yo me acuerde..."
Santiago Giordano
sgiordano@lavozdelinterior.com.ar

El regreso de una estética del canto que marcó un camino en el folclore

lunes, 04 de diciembre del 2006 a las 19:09

El regreso de una estética del canto que marcó un camino en el folclore


Chacho Echenique y Patricio Jiménez





Diario La Capital (Rosario, Argentina)




El Dúo Salteño presenta sus recordadas canciones en el Auditorio Fundación "Ahora nos toca a nosotros llenar el vacío que dejamos". Así definió el folclorista salteño Patricio Jiménez, en la última edición del festival de Cosquín, el regreso del histórico Dúo Salteño, que tras más de veinte años de ausencia vuelve hoy Rosario para actuar a las 21.30 en el Auditorio Fundación Astengo, Mitre 748. Patricio Jiménez y Néstor "Chacho" Echenique componen este conjunto que desde 1967 marcó un antes y un después en la interpretación de la música de raíz folclórica desde un trabajo de armonías vocales que contó con la tutela del pianista y compositor salteño Gustavo "Cuchi" Leguizamón y se apoyó en la interpretación de obras de poetas como Manuel J. Castilla, Armando Tejada Gómez, Atahualpa Yupanqui o Sixto Ríos, entre otros. En diálogo con LaCapital, Chacho Echenique no sólo recordó el paso del dúo por míticos reductos rosarinos de los años 70 y 80 como Corchos y Corcheas o La Salamanca, sino que también manifestó que "aunque con menos publicidad Patricio (Jiménez) estuvo haciendo cosas como solista después de su experiencia con Los Cuatro de Salta y yo también me afiancé como autor y compositor durante estos años y hasta llegué a grabar los temas de un disco que después no pude editar", indicó sobre el pasado reciente el autor del kaluyo "Doña Ubenza". Echenique además negó que este retorno del dúo implique en lo musical revivir algo. "No siento que estemos reviviendo nada, porque nuestra estética es permanente ya que hubo un trabajo serio con músicos y poetas cuya obra un poco se olvidó por las circunstancias políticas y culturales que atravesó la cultura argentina". Dos años después de su creación, el Dúo Salteño fue revelación del Festival de Cosquín, apostando a la simple estructura de dos voces y dos guitarras pero que representaban una absoluta novedad en términos armónicos ya que venían a romper con el sonido impuesto por los cuartetos enrolados en la línea Chalchaleros o Fronterizos o por los grupos puramente vocales. Jiménez y Echenique fueron la voz que necesitaba el talento compositivo de Cuchi Leguizamón. El creador de "La Pomeña" era un académico que renegó del folclore de conservatorio y encontró en esas gargantas los timbres que representaban cabalmente el modo popular de cantar del noroeste argentino, al que él le sumó su impronta, acompañando al dúo en vivo y en grabaciones que en su momento no fueron justicieramente evaluadas, al punto que numerosos presuntos entendidos consideraran que desafinaban, pero que hoy hacen del dúo un grupo de culto hasta para gente proveniente del rock y el jazz.

Músicos renovadores en serio

El estilo vocal del Dúo Salteño se basó en contrapuntos y falsetes de gran altura. La carrera de estos artistas, comprometida en lo político y en lo ideológico con la coyuntura nacional de aquellos años debió ser necesariamente accidentada, en medio del clima de terror que se inició en 1975 y se profundizó con el golpe del 76, en el que la difusión de su música estuvo prohibida en los medios.

Sin ser firmantes formales de la propuesta, los integrantes de dúo adhirieron en la práctica a los lineamientos del movimiento "Nuevo cancionero", nacido en Cuyo de la iniciativa de Oscar Matus, Mercedes Sosa y Armando Tejada Gómez, entre otros músicos.

La discografía del dúo se integra con ocho placas de estudio y numerosas recopilaciones de los distintos sellos y, además, por estos días preparan el que será el noveno disco de su carrera, a editarse en febrero del año próximo. El dúo llega a Rosario con los temas que ofreció en el show cumplido en La Trastienda de la ciudad de Buenos Aires.  

El triunfo del folclore que lucha contra las fórmulas conformistas

lunes, 04 de diciembre del 2006 a las 19:05
guardado en , , ,

El triunfo del folclore que lucha contra las fórmulas conformistas

martes, 07 de noviembre de 2006
El Dúo Salteño recibió la ovación de un público que premió calidad e historia

U. G. Mauro / La Capital

Imagen: Marcelo Bustamante

El dúo salteño ofreció un recorrido
por la mejor música de Salta
La presentación del Dúo Salteño en el Auditorio Fundación Astengo el pasado fin de semana representa varios triunfos: el del auténtico arte contra el folclore prefabricado, el de la búsqueda armónica contra las recetas conformistas, el de la sencillez de dos voces y dos guitarras contra una parafernalia técnica que muchas veces no aporta nada; el de lo antiguo pero trascendente contra la novedad insustancial. "La gente fue a aplaudir al Dúo Salteño y a aplaudirse a sí misma", observó acertadamente un colega, respecto a la comunión que se vivió entre el público y los artistas, en referencia a que las butacas del Astengo se poblaron mayormente de aquellos que desde fines de los años sesenta tuvieron al dúo como referencia y alimento estético mientras buscaban nada más ni nada menos que un mundo mejor, más justo y solidario, cuando era vergonzante no conocer, como mínimo, la letra de "La Pomeña". Desde el comienzo del espectáculo, el Dúo Salteño se impuso hacer crecer el fuego del show desde abajo. Precisamente. El primer tema fue la poco conocida zamba "La de abajo", un tema que por única vez unió en la autoría una letra de Nella Castro con la música del Cuchi Leguizamón, y la aprobación general marcó el rumbo del clima general. Quienes temían que los años hubieran dañado volúmenes, timbres o ductilidades vocales se tranquilizaron. Ambos artistas continúan mostrando las mismas voces por las que siempre se caracterizaron, con Chacho Echenique encarando tonos altos y falsetes con la capacidad de siempre y Patricio Jiménez ejecutando difíciles fraseos cargados de notas y contrapuntos en una amplia variedad de tonos. Tras la "Chacarera del zorrito", llegaron el popular kaluyo "Doña Ubenza", "Corazoneando", "El arriero", la zamba que Tejada Gómez y Leguizamón compusieron en homenaje al escultor Juan de Dios Mena y también en uno de los momentos más emotivos de la noche, "Tiempo de mayo", tributo a las luchas del Cordobazo y el Rosariazo. El tema dio paso a los esperados clásicos del dúo, incluida "La Pomeña" coreada por todos en el mejor momento de un recital en el que los artistas llenaron de didácticas anécdotas los espacios entre cada canción, tomándose su tiempo y demostrando que el vértigo y la demagogia pueden generar famas pasajeras, aplausos fáciles, pero nunca auténtica trascendencia como la que ellos cosechan.


Diario La Capital

EL DÚO SALTEÑO: UNA AVENTURA A LOS SALTOS

domingo, 03 de diciembre del 2006
guardado en ,
Es oportuno saberla. Y mejor aún, compartirla. Porque la del Dúo Salteño es una de esas aventuras donde confluyen maravillas musicales y paradojas del arte popular.Chacho Echenique, la voz alta del dúo, y Patricio Jimenez, que canta la segunda, vienen repasando juntos esas historias de vida consagrada a la música, que sólo conoce un círculo de amigos íntimos. La están reflotando desde que aparecieron de vuelta por los escenarios, a partir de octubre del 2005, en Catamarca. A nosotros nos tocó el privilegio y la alegría de presentarlos en aquella primera actuación, tras 20 años de silencio.Quienes celebran hoy este milagroso regreso del dúo, ya habían intuido desde aquellos días finales de los sesenta, que ellos estaban predestinados a juntar sus portentosas voces con la inventiva prodigiosa del Cuchi Leguizamón. Tres salteños para sacudir, desde aquel asado en lo de Juan Riera, en l967, los cimientos de la armonía convencional de las dos voces en el folklore, como nadie lo había agitado antes, para construir un nuevo edificio sonoro sobre esos añejos y sacrosantas cimientos.Chacho y Patricio están narrando aquellas primeras peripecias, antes de que se convirtieran en el prestigioso Dúo Salteño, mientras desgranan evaluaciones sobre masividad, fama, desafíos, vanguardia, rechazos, censura, listas negras, despedida, reencuentro.Estos tipos singulares se encontraron primero, no en la Salta de sus pagos, bien arriba del mapa provincial,  sino en esta convulsionada Reina del Plata, justo en el hall del Nuevo Teatro Buenos Aires, y juntaron sus voces para entonar la zamba “Pastorcita perdida” que hoy nadie recuerda. Chacho andaba pateando balones en los clubes de Lanús y de San Lorenzo. Patricio integraba esporádicamente el conjunto Los de Salta, y apenas si conocía al personaje Leguizamón desde el ángulo más visible de abogado y profesor de historia.Chacho y Patricio tenían para ostentar un bagaje de íntimas y secretas vivencias. Chacho allá, en Quijano, bien al Norte de Salta, más allá de la lejana San Antonio de los Cobres escuchando los agudos increíbles de los viejos y anónimos bagualeros. Patricio que se familiarizaba, no demasiado lejos de allí, con los cantores populares que se hacían escuchar en las famosas “carpas”, acompañándose con caja. Todo aquello estaba en los cerros, junto a esos paisajes inolvidables. Paisajes que anidarán por siempre en la memoria de las almas sensibles. Y en su casa, Patricio escuchando la más variada música, incluida la clásica y siguiendo, no la melodía, allá arriba, sino los acompañamientos, la armonía, la parte de los bajos... Como un juego inocente y divertido que adiestraba en secreto su fino oído. Ahí está el secreto: las hondas y perdurables vivencias atesoradas en el seno de la tierra salteña. Por eso, cuando se juntaron, las dos voces, que sonaban tan bien, buscaban un músico que guiara sus pasos. Y ocurrió en aquellos días del 67 (los dos ya en la capital salteña), que un amigo: el hijo del panadero Juan Riera, les cuenta del asado en su casa, donde concurrirán el Cuchi Leguizamón, el barbudo Manuel Castilla y otra gente del folklore, como ocasión propicia para esa consulta. Y ahí nomás, Chacho y Patricio, que cantan “Zamba del Silbador” según su leal saber y entender. Y el Cuchi, que pregunta, desconcertado ¿quién la armonizó? Los muchachos, que contestan: ninguno, así nomás nos sale…El fugaz diálogo no termina ahí. Pero la chispa que estalla en ese momento enciende una esplendorosa llama en el alma del Cuchi. No duda un instante. Volcánico, casi imperativo, les grita: yo los voy a armonizar. Chacho y Patricio han atesorado las vivencias de aquel mágico momento del alumbramiento del revolucionario trío, hacia fines de los 60 y comienzos del 70: “fueron los mejores tiempos del Cuchi como compositor, incluso como pianista maravilloso”. Y afirman que hasta llegó a adaptar su forma de armonizar en el piano, para sacarle el jugo a la tan amplia tesitura de que disponía con la voz de contratenor (o practicando falsetes) de Chacho, y el registro de barítono de Patricio. Implícitamente estaban expandiendo, con sus voces, la fantasía creadora del músico. Un músico cuya inventiva había sido alimentada por los clásicos contemporáneos, como Bela Bartok, Igor Stravinsky, Arnold Schoenberg, a quienes quería emular en atrevimientos armónicos, aplicándolos obstinadamente, pero también como un juego provocador, en la música folklórica.  “Era –dicen a coro- un enriquecimiento mutuo esta relación de maestro-alumno y alumno-maestro”. Un trabajo intenso de ensayos con el Cuchi, que nos iba dictando las notas a cada uno de nosotros. Interminables ensayos, a veces. Con algún “recreo” (como los llamaba el Cuchi) para escuchar música de Bartok, Stravinsky, Schoenberg y descubrir las aproximaciones del Cuchi a esa música “rara”. Fueron ensayos entre acuciantes búsquedas de posibilidad en la combinación de voces, y clamorosos hallazgos en la intimidad de una casa. “Lo curioso del caso es que nosotros no habíamos estudiado música. Y al comienzo no nos animábamos a confesárselo al Cuchi. Patricio y Chacho eran nomás (¡y nada menos!) músicos intuitivos. Cuando se enteró el Cucho ¡nos maldijo! Pero al rato se disculpó reconociendo que muchas la música se aprende mal en los conservatorios”. DESAFÍOS, EXITOS PRECARIOS Y FRACASOSLa renovación del canto a dos voces encerraba intrínsecos milagros artísticos, al tiempo que planteaba hacia afuera desafíos, tanto en la acogida del público como en la divulgación de los sellos grabadores y los medios de comunicación. El nuevo cancionero asumido por El Dúo Salteño, con las novedosas armonizaciones del Gustavo Leguizamón era una conquista del arte. Mientras la poesía de Manuel J. Castilla trepaba en alas de bellísimas metáforas para retratar personajes, costumbres y  paisajes norteños, la música del Cuchi desafiaba con asombrosos giros melódicos y atrevidas armonías propias de la música contemporánea. De igual modo ascendían a las  cumbres del idioma, con la música del Cuchi, los versos de Tejada Gómez, de Miguel Angel Pérez y del propio Leguizamón. Eran retos al lugar común, a lo consabido, a lo transitado, a las convenciones artísticas que reinaban hasta entonces. Y al tiempo que recogían las esencias de la tierra con un modo de cantar bien norteño, cultivaban el refinamiento, la exquisitez en el modo de cantar. La zamba recobraba sus lentas, morosas cadencias; se descartaba el grito festivalero aunque crepitara el alegre ritmo de un bailecito, y se cultivaba la media voz. Y hasta el susurro. Nacía una nueva vanguardia en el folklore. Diferente de la que había planteado -en la orquesta- Waldo de los Ríos. Frente a este cambio estético, muy pocos oídos estaban preparados para asimilarlo. Pocos llegarían a comprender y disfrutar de estas nuevas creaciones y formas de expresarlas, que dejaban atrás a los clásicos dúos tradicionales en los que la segunda voz se dedicaba a hacer intervalos solamente de terceras y sextas. Aquí los diseños melódicos para la voz aguda (contratenor) de Chacho conciliaban de maravillas, con sus saltos angulosos, inopinados, la zamba con la baguala, y la voz grave (barítono) de Patricio saltaba en contracantos (no contrapuntos, como se repite a menudo erróneamente) con intervalos de cuartas, séptimas, quintas y segundas disminuídas sin tregua, en una sucesión alucinante, casi inasible, de disonancias, entre las que flotaba una tercera nota que completaba un sinfín de acordes pergeñados desde el piano por su creador.Con esta singular línea artística irrumpen en 1969 con su primer disco. No lleva otro título que “Dúo Salteño”. En el mismo año el Festival de Cosquín los corona como Revelación. Este es el público del folklore que los aplaude, entusiasmado o desconcertado, dándoles la bienvenida. Dos años después -1971- vienen a Buenos Aires, y junto al piano del Cuchi graban su segundo disco con un título menos obvio, pero explícito: “Canto de Salta”.”Nos costó muchísimo llegar al gran público. Nunca fuimos masivos, admiten. Hasta nos acusaron de elitistas. Los  oyentes que nos acompañaron en la propuesta se hicieron fanáticos de nosotros. Pero eran los menos. Lógicamente esto limitaba las posibilidades de enriquecer el folklore. De paso incidió negativamente en el interés de la grabadora y de las radios por la difusión de nuestros discos. No siquiera teníamos representante, y la compañía discográfica argumentaba que al no vender, no éramos negocio. Esta situación, además de ser anímicamente desgastante, nos impedía sobrevivir dignamente.Y entre primer y segundo disco se produce un hecho significativo en el Festival Internacional de la Canción de 1970, en el Luna Park. La piedra de toque está en el folklore del Dúo, y en el tango de Piazzolla. La divisoria de aguas entre el espíritu tradicionalista de la mayoría y las mentes abiertas a la renovación, estallan en el público. Al dúo lo silba y le tira monedas la popular cuando cantan “El imaginero” (del Cuchi y Tejada Gómez). A Piazzolla le ocurre lo mismo, cuando Amelita Baltar canta  “Balada para un loco”, con letra de Ferrer. La suerte estaba echada. Los nuevos aires en el folklore y el tango debían luchar a brazo partido para acceder a la aceptación masiva. “Lo nuestro no era para festivales”, concluye el Chacho en nuestra charla.Al Nuevo Cancionero gestado en Mendoza, con Tejada Gómez, Matus, Tito Francia y Mercedes Sosa no le había pasado lo mismo. Porque implicaba otra clase de desafío –también  profundo, humano, ético, pero no vanguardista-: rescatar al folklore del puro pintoresquismo para reivindicar al hombre común en su esencia y en su entorno. Los tres movimientos, para nada planificados, han surgido en aquellos años fundacionales.Para los muchachos del Dúo –y para Piazzolla y para Mercedes- eran menos riesgosos y más acogedores los boliches chicos, como el pequeño subsuelo de la calle Talcahuano, o el teatro Luz y Fuerza, presentados por Miguel Angel Merellano. Incluso recuerdan aquel espaldarazo que recibieron en El Viejo Almacén, cuando luego de escucharlos, Astor Piazzolla los felicitó y los abrazó, emocionado. Y la dicha de compartir los escenarios recoletos con músicos de la talla de Dino Saluzzi, del Mono Villegas, cuando no es que lo traían desde Salta al mismísimo Manuel J. Castilla.Y claro que también había otros oídos atentos y abiertos para acoger su canto hondamente telúrico y desafiante en sus formas. Así les resultó estimulante el formidable espaldarazo de difusión que les había prodigado, cuando apareció su primer disco, “el peruano parlanchín” Hugo Guerrero Marthineitz en su Show del Minuto. Fue gracias a su invitación que bajamos de Salta a Buenos Aires. Todas estas fueron  pequeñas-grandes -y esporádicas- compensaciones frente al desinterés manifiesto de la grabadora Polygram por promocionarlos, con el implacable pretexto de que “no eran comerciales”; y frente a la sordera de la mayoría de las radios y de las entidades culturales de Salta. Ni Chacho Echenique ni Patricio Jiménez habían contado hasta ahora públicamente estos avatares. Estas contradicciones que se planteaban entre un arte popular inspirado, creativo, genuino, dictado por el amor a la tierra, y la desconcertante acogida de público y la sordera crónica de los medios de difusión. La paradoja cruel de quienes buscan enriquecer nuestros patrimonios frente a una sociedad no preparada ni dispuesta mental ni espiritualmente para los cambios. Desde hace un año que los vienen recordando –en pleno regreso con gloria- con una estoica sonrisa y una sutil mueca de dolor.Avanzaban los años 70, y con ellos las noches negras de una pseudo democracia y sus listas negras. Mediados de la década en la que la palabra “subversivo” es aplicada a todo aquel que no obedece ciega y calladamente los manotazos del poder sin control, y al que levanta su voz. El Dúo, Mercedes, y tantos otros eran calificados, de pronto, de subversivos. Y claro, recuerdan: nos persiguieron. No nos quedaba otra que seguir actuando en pequeños reductos, casi a las escondidas. Y de pronto llegaba la policía, y el desbande…También soportamos el allanamiento de nuestra pobre pensioncita. La Triple A nos prohibió en los medios de difusión. Soportábamos constantes amenazas. Los militares apretaban a los dueños de los teatros para que no nos contrataran. Nuestros discos fueron proscriptos por el Comfer. ¡En el 73 llegaron a impedir la difusión de “El Violín de Becho”, de Zitarrossa!   “Fue el momento inexorable de nuestro alejamiento. “Con Patricio –confiesa Chacho- no pudimos ponernos de acuerdo sobre la forma de encarar la difusión. Es que teníamos todo en contra y barajábamos, sin ninguna experiencia en la materia, distintas maneras de encararla. Mientras, en la humilde pensión de la calle Talcahuano se nos acababan los víveres. Estábamos lejos de la familia, extrañándola”.En cuanto a discos, Phonodisc había editado en el 73, el disco “Dúo Salteño II”, que al año siguiente salió en Japón. Y aquí como “Dúo Salteño III”. De esa época saltamos a 1983, en el que Polygram se anima a reeditar “El canto de Salta” que, como dijimos, habíamos grabado junto al piano del Cuchi. Y en 1984 un nuevo que bautizamos “Como quien entrega el alma”.Vendrá después, ya en 1986, la grabación de “Madurando sueños”, casi como una promesa de resurgimiento, también en Polygram. Parecía una reivindicación…Se habían dado, naturalmente reconocimientos a tan excelso trabajo creativo del Cuchi y el Dúo Salteño: el 3º premio, en 1969, en el Festival Iberoamericano de Danza-Canción del Luna Park; el ya citado premio Revelación, en Cosquín 1969; el galardón de la UNESCO Para el Desarrollo Cultural, y también de ese organismo internacional la designación de Socios de Honor, todo eso en 1990.Este es el breve racconto que intentamos a partir de las charlas con Chacho Echenique y Patricio Jiménez. Es, digamos, “la primera parte de su historia”. De aquí en adelante nos ocuparemos de su regreso, a partir de octubre de 2005, en Catamarca, y el anticipo del nuevo disco que prometen grabar. Será la segunda gloriosa parte…

 

René Vargas Vera

Noviembre 27 de 2006 

EL DÚO SALTEÑO, EL CORO ARS NOVA Y SALTA

sábado, 02 de diciembre del 2006

No es casual que Chacho Echenique y Patricio Jiménez hayan nacido en Salta. No es fortuito que el coro de Niños y Jóvenes Ars Nova, dirigido por Betty Fernández de Briones haya germinado en Salta. Salta estaba predestinada –si se quiere, desde los tiempos de la Conquista- a constituirse en  modelo nacional del más rico cancionero de nuestro folklore en el siglo XX. Y a gratificarnos con las voces de un coro de chicas y chicos, y su eminente directora, único en el paísAfirmarlo de modo tan concluyente, no implica restar méritos a Santiago del Estero, ni a sus patriarcas músicos e investigadores, como don Manuel Gómez Carrillo, que hacia los años 20 del pasado siglo, rescató, silenciosamente, unos 400 cantos incaico-calchaquíes en sus investigaciones para la Universidad Nacional de Tucumán; ni al recopilador, don Andrés Chazarreta, de otro cancionero que pudo extinguirse con el paso del tiempo, y  cuyo epicentro era Santiago del Estero; ni al investigador catamarqueño don Juan Alfonso Carrizo, quien en los años 20, 30 y 40 publicó en sendos libros, las coplas anónimas de Catamarca, Salta, Jujuy y La Rioja; ni ese otro instrumento de la memoria colectiva que fue el mendocino don Alberto Rodríguez con su obra, el Cancionero Cuyano, publicada por primera vez en 1938, sin olvidar a Carlos Vega, Isabel Aretz, Leda Valladares, Augusto Cortazar y tantos otros buceadores de nuestros tesoros telúricos. Ni incluso el enorme legado de Atahualpa Yupanqui, desde aquella  canción “Camino del indio”, dada a conocer en 1934, quien retrató en músicas y en poesía, las vivencias y paisajes del Noroeste y de la pampa húmeda.Fue Salta donde se hizo más palpable la transculturación española que nos llegaba desde el Perú. La tradición hispana del romancero, pese a la siempre denostada Conquista y Colonización (que por cierto arrasó a sangre y fuego a toda una raza y a la inmensa cultura aborigen) supo fructificar en la música folklórica. Aquellas tradiciones españolas asimiladas y enriquecidas aquí, nos dejaron un riquísimo patrimonio cultural –musical y poético en coplas y romances- que se ha mantenido vivo y que fue creciendo en potencia creadora y en belleza durante casi cinco centurias en toda nuestra América latina. La hermosa Salta pareció predestinada a ser el venero inagotable de donde habría de surgir un asombroso manantial de canciones. Y así se justifica que el salteño pueda seguir pronunciando con orgullo el proverbio “Soy de Salta y hago falta”.Como sostiene León Benarós, en Salta la poesía sale al encuentro del hombre, porque toda esa eclosión de canciones que se irradiaron hacia todo el país desde los años cincuenta, ya estaba latente antes de los años cuarenta en la inspiración de sus compositores y en la fértil inventiva de sus poetas que asomaban subrepticiamente entre las seis cuerdas de la guitarra milenaria que nos llegó de España, a la que, todavía, se  miraba recelosamente como instrumento de la mera diversión de sectores marginado.Una de ellas, la enjundiosa de don Eduardo Falú empezaba a sonar en 1945, primero en Salta, luego en Buenos Aires, y en seguida en capitales del Noroeste Argentino. Pero ya en 1942 Eduardo Falú y César Perdiguero habían estado gestando un nuevo cancionero telúrico. Gestación silenciosa que nos conduciría a los años 50, en los que ya estaba instalado en el inconsciente colectivo como un paradigma insustituible. Eran aquellos dedos magistrales y esa inconfundible voz de barítono-bajo que daban a conocer aquellas  primeras composiciones junto a los versos de Perdiguero: “Tabacalera”, “India madre”, “Canción de luna y cosecha”. Y luego el otro, más alto aún en vuelo poético-musical junto a la pluma excelsa de Jaime Dávalos, el poeta de aquella primera “Zamba de la Candelaria” que recorrió el país entero. Eduardo Falú se prodigaba en mojones del folklore argentino, en creaciones paradigmáticas junto al Jaime de “El sueño de mi guitarra”, “La nostalgiosa”, “Las golondrinas”, “Resolana”, “Rosa de los vientos”, “Tonada del viejo amor”, “Trago de sombra”, “Vidala del nombrador”…Pero todavía había un peldaño más que trepar, y fue con el inefable Manuel J. Castilla, con quien enriqueció la ya alta poesía de Jaime. Nuevo cancionero emblemático, como el de “La atardecida”, “La volvedora”, “No te puedo olvidar”…Sonidos y palabras andaban flotando en el aire de Salta en aquellos años 40. Las metáforas de Jaime, hijo del culto poeta Juan Carlos Dávalos, descendían al pueblo, enriqueciendo –a través de audacias que honraban la lengua española y que retrataban con gestos de redención humana a los personajes lugareños y al paisaje del Noroeste- un folklore con poesías que se habían instalado por esos mismos años en que todavía se cultivaban versos de mero pintoresquismo. Manuel J. Castilla prolongaba, alimentada por las propias  vivencias de vate andariego, esa veta del retrato humano y de la naturaleza que ascendía hasta lo cósmico. José Ríos nos legaba, como poeta de las coplas de carnaval, su popularizada “La Felipe Varela”. Unos estudiantes debutaban en la Sociedad Rural en aquella primavera del 47. Serían las del futuro cuarteto vocal-instrumental de Los Chalchaleros que al año siguiente ya pisaban el primer escenario, el del Teatro Alberdi de Salta, con el eterno gordo Saravia a la cabeza, y sus compañeros Aldo Saravia, Víctor Zambrano y Franco Sosa. Ellos estaban anunciando días de gloria para el folklore, desde la zamba anónima, recopilada por el Cuchi Leguizamón, “Lloraré”, que cantaría todo el país, compitiendo con la “Zamba del grillo”. “El cocherito”, “La López Pereyra” (himno de los salteños) o la recopilada (por Chazarreta) “Zamba de Vargas”. Estos cuatro Chalchaleros (zorzaleros) que fueron cambiando de integrantes (fueron diez, en total, en aquellos primeros años), supieron acoger, como uno de los hitos de su trayectoria, al creador de las famosas zambas “La nochera”, “Del Chalchalero” y “Alma de nogal” y otras: el cantor y guitarrista Ernesto Cabeza en 1953, para dotar de riqueza musical al cuarteto sobre todo en armonías para las guitarras. (Cabeza se despidió muy pronto de la vida: un 21 de septiembre de 1980, y dejó en el grupo un vacío difícil de llenar). Los “Chalcha”, como se los nombró en cada rincón provinciano, trajeron un estilo sencillo y sentido, cantando a dos voces y con guitarras bien ensambladas a sus gargantas. Eran naturales –incluso elementales- pero auténticos en su forma de sentir las cosas de la tierra. Y con ello expresaban un folklore canónico, clásico, único en su estilo tanto en esas segundas que a veces parecían extraviadas y que otorgaban el sello inconfundible, mientras la voz del líder, Juan Carlos Saravia, dotaba de garra al canto agreste, y a través de consignas que fueron su marca en el orillo: “prímera”, “adeeentro”, “¡bueno!”, “ségunda”…  eso sí: con total respeto por la cadencia de los ritmos (en especial el lento de la zamba), con emoción sincera, con matices, es decir: entre el “canto pelado” y las delicadezas en los fraseos, incluso dando rienda suelta, con gracias, a la alegría de los ritmos movidos.Los años 60 fueron los del boom folklórico en toda la Argentina. En cada pueblito se escuchaba con fruición a nuestros solistas y grupos. En miles de hogares la guitarra se había convertido en un habitante necesario, imprescindible.Pero aquella Salta luminosa de inventores geniales, nos tenía reservada una nueva sorpresa, que se cocinaba a fuego lento y que desataría un cambio remozador y vital en la manera de asumir y expresar el folklore nacido en nuestro Noroeste.Avanzaban los 60 y Gustavo “Cuchi” Leguizamón, abogado, profesor de historia, legislador, pianista, compositor y poeta salteño, pergeñaba nuevas melodías y armonías en el piano de su casa. Apenas si se lo conocía de mentas por esa recopilación que hizo de la zamba tradicional  “Lloraré”, que popularizaban Los Chalchaleros. Pero el Cuchi estaba medio escondido entre tanto éxito, un tanto ajeno a él, que estaba inmerso en la nueva estética que le había llegado a través de los compositores clásicos contemporáneos como Bartok, Stravinsky o Schoenberg. Músicos de la vanguardia mundial que le habían dictado melodías y armonías no convencionales en plenos años cuarenta. Más que al músico, en Salta se le conocía por sus cuentos, sus humoradas, sus gestos humanos, sus carcajadas mefistofélicas y su activa vida profesional de abogado y, sobre todo, de profesor en el colegio secundario. Sin embargo El Cuchi ya tenía registradas en el año 1955, en la insigne Editorial Lagos, temas medulares de la vanguardia, como Zamba de Anta (con letra de Perdiguero y Castilla), Zamba de los mineros y Panza Verde, con versos de Jaime Dávalos; Zamba del Pañuelo, con Castilla.Leguizamón intuía, seguramente, que le estaba llegando la hora. Y le llegó, doce años después de escribir estas partituras para aquella prestigiosa Editorial que había fundado don Rómulo Lagos, cuando en una comida en casa del panadero Juan Riera escuchó no sin sorpresa a dos muchachos que, al cantar en dúo se habían lanzado con ganas de salirse de los moldes consagrados. Ellos eran el contratenor Chacho Echenique y el barítono Patricio Jiménez. El Cuchi se interesó por saber quién había armonizado sus temas. Y al enterarse que habían sido ellos mismos, le fue revelado que esas voces eran las que andaba buscando para dar a luz y colocar su sello indeleble en el folklore argentino. Así fue que los convocó a su casa y, piano o guitarra mediante, les fue dictando las notas de sus melodías y de las respectivas armonías innovadoras.A Chacho Echenique no le resultaría tan difícil alzarse con ese melodismo insólito, lleno de curvas y saltos inéditos que había inventado la fantasía del genial músico. Pero el mayor desafío, el reto magistral, era para la garganta de Patricio Jiménez, porque en su segunda voz el Cuchi estaba volcando notas que partían de esas armonías que él  emulaba de la vanguardia mundial clásica. Muchos creyeron que provenían del jazz, y hasta dijeron que Leguizamón hacía un folklore jazzístico, sin saber que, más allá del jazz, estaban esos compositores que citamos antes, y que habían revolucionado el arte musical en el siglo XX, el politonalismo de Stravinsky, pero sobre todo el atonalismo del austríaco Arnold Schoenberg, que sencillamente escapaba de los rigores académicos de la tonalidad. Cuando Leguizamón se sentaba al piano, se regodeaba con tales giros desconcertantes entretejidos en atrevidas armonías. Y con ellas venía a remozar el folklore clásico, el más diáfano y sencillo, que era el que se cultivaba y divulgaba.A Cuchi lo acosaban esos desafíos, al tiempo que entretejía versos igualmente sorprendentes, como los de la Serenata del 900, las zambas del Carnaval, del Guitarrero, y Soltera,  El Avenido y la contestataria Chacarera del Expediente.  A Patricio Jiménez le fueron confiados, entonces, esos intervalos inesperados, provocativos, insólitos por sus disonancias. Notas que escapaban de aquellas llamadas “terceras” o “sextas” que se habían practicado y cultivado hasta ese momento en el folklore, tanto en los dúos, como en los cuartetos de canto y guitarra, para lanzarse al ruedo con otros intervalos de segundas menores o séptimas, cuartas o quintas disminuidas…en fin: toda la gama imaginable de distancias entre las notas de la melodía que cantaba Chacho Echenique, cuya voz aterciopelada remontaba hacia las notas agudas con fraseos deliciosos y afinación impecable. Desde lo musical, los dos cantores rendían culto al refinamiento y a la exquisitez, pero sin pose elitista. Para el oído común, habituado a las sencillas armonías, el Dúo Salteño fue una sorpresa total. Ellos escapaban, guiados por el Cuchi, de lo establecido, de lo consabido, de lo consagrado, de lo aceptado. Ellos, con el Cuchi, estaban dotando al folklore de una nueva concepción armónica acorde con los tiempos de la vanguardia que había comenzado al despuntar el siglo XX. Pero lo hacían, no desde una torre de marfil, sino totalmente imbuidos del amor por la tierra. Con una temática musical y poética de enorme contenido telúrico, donde quedaban reflejados otra vez el hombre nuestro de a pie, el cotidiano, la gente humilde, con sus valores ancestrales, sus costumbres, sus ritos, su estilo de vida, sus sentimientos más profundos, sus valoraciones más humanas, rodeado siempre por la naturaleza, por su paisaje de árboles, pájaros, montes y ríos.El Cuchi Leguizamón y el Dúo Salteño empujaban hacia el futuro ese destino privilegiado de la Salta creadora. Tomaban las esencias desde lo profundo de la tierra y las echaban a volar con alas de eternidad. Era una conjugación perfecta de autenticidad y vanguardia dentro del folklore de tierra adentro. Dos confines que parecían difíciles de congeniar, de integrar en una unidad. Y ese fue el milagro de un portento musical como fue Cuchi Leguizamón, y de su correlato en las voces irrepetibles de Chacho Echenique y Patricio Jiménez.Lo más admirable –y reconfortante para quienes aman la belleza y la originalidad en el arte- fue que el Dúo Salteño fue acogido con total entusiasmo por los amantes del folklore. Incluso por quienes estaban detenidos en el tradicionalismo.El asombro se unía a la admiración cuando resonaban, lentas y cadenciosas, las zambas “Balderrama” y “La pomeña”; cuando restallaba el ritmo de la cueca “La arenosa” y el “Carnavalito del duende”. Leguizamón nos dejaba nuevas canciones emblemáticas: las zambas de Juan Panadero, Cantora de Yala, Si llega a ser tucumana, Zamba Soltera, Zamba para Viuda, o la chacarera Juan del Monte que en su mensaje se parece a la otra, Del Expediente. Y también aportaba riquezas inimaginables para temas que no había gestado su pródiga inventiva, como el clásico salteño de “La López Pereyra”, o la zamba de Yupanqui: “Viene clareando”.Pero Salta ostenta también otras realizaciones fuera de serie. Y lo es ese grupo de niños y jóvenes coreutas del Ars Nova, que dirige magistralmente Betty Fernández de Briones, único en el país. El Ars Nova surgió en Salta en aquel año 1988 gracias al empuje y al talento de Betty de Briones. Lo fundó quizá con el único objetivo de crear belleza con las voces de aquellos primeros chicos. Pudo haberse conformado con ello, y enriquecer así, con esa sola idea, el canto coral en el país. Pero Betty de Briones intuyó una meta aún más alta, mientras apuntaba obstinadamente a la excelencia. Fue la vinculación con eminentes directores de coro y compositores europeos, interesados en escribir música especialmente para esta formación de niños cantores, la que la impulsó a trepar nuevas cimas del canto. Las complejas, exigentes, desafiantes partituras de la música contemporánea, de la vanguardia se constituyeron en su reto desde fines de los años 90. De allí que el Ars Nova pudo demostrar fehacientemente en Buenos Aires, tanto en sus conciertos de fines de noviembre de 2005,  tanto en la Facultad de Derecho como en la Iglesia colmada de La Merced, el prestigio de que goza en el Viejo Mundo. Allí las cristalinas voces de los niños cantores salteños hicieron maravillas con obras dificilísimas de compositores de los más diversos países. Betty de Briones nos deslumbró con la sabiduría con que guía las voces de estos niños para alcanzar los prodigios de afinación, fraseos, matices, cohesión sonora, ductilidad, exquisitez, garra y emoción. Sorprendió y emocionó, que son las metas del arte más excelso. Incluso pudo desconcertar al oído del oyente más atento y entrenado, con tales partituras escritas por creadores de Rusia, Estonia, Australia, Finlandia, Canadá, Inglaterra, Japón o España, por las tremendas exigencias melódicas, armónicas y rítmicas, que plantean  intrincadas articulaciones, capaces de estremecer por su dramatismo o su patetismo, y que estos niños -cuya edad promedio es de 14 años- desgranan con alucinante naturalidad, pese a que no todos leen música de corrido.Pero hay algo más, para destacar en la mística del Ars Nova y su directora. Su pertenencia a la tierra.  Porque junto a la vanguardia mundial, que los distingue de otros coros de esta formación, el Ars Nova cultiva también el mejor folklore y la mejor música ciudadana, en certeros arreglos. Obras emblemáticas de la proyección folklórica, pergeñada por genios como el Cuchi Leguizamón y Eduardo Falú, se unen a ese maravilloso folklore imaginario gestado por Carlos Guastavino y Alberto Ginastera. Y, todavía, obras enjundiosas de compositores argentinos de la vanguardia como Eduardo Alonso Crespo. Como si todo esto fuese poco, Betty de Briones y su Ars Nova, vienen maravillando  al público de Buenos Aires con sus bellísimas puestas coreográficas y lumínicas, con el único objeto de profundizar e intensificar los mensajes estéticos y los climas que sugieren las canciones. Por eso cada concierto del Ars Nova es un destello de magia que queda impreso en el alma y el corazón de cada oyente. Porque transmiten refinamiento, autenticidad y emoción.Hoy Salta se apresta a un nuevo resurgimiento: a la resurrección del admirable Dúo Salteño, tras su primera actuación con gloria en el Teatro Catamarca de aquella capital el 29 de octubre último. Acaban de presentarse con éxito en Córdoba (donde se radicó Patricio), y el tercer regreso a los escenarios será a mediados de este mes diciembre en su querida Salta. En cada lugar van incorporando ese tesoro escondido: los temas inéditos, propios y ajenas que les dejó con sus armonías y ocurrencias el Cuchi Leguizamón, y que el país entero espera ansiosamente escuchar.Chacho Echenique y Patricio Jiménez siguen ensayando febrilmente ese nuevo repertorio armonizado por el genio de Leguizamón, con vistas a un disco prometido para los primeros meses de 2006. Que el resurgimiento de este fantástico, maravilloso Dúo sea otra vez con el sello, la impronta inimitable del Cuchi es otro milagro de esta Argentina que quiere renacer en música y en poesía de alto vuelo.El Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova acaba de despedir, el último día de noviembre, su temporada anual de conciertos, diciendo adiós –no sin el dolor de la despedida- a los coreutas que se van. Y Betty de Briones se prepara para reanudar, otra vez, la búsqueda de nuevas voces para remontar nuevos vuelos hacia la excelencia musical. Salta nos seguirá sorprendiendo con el Dúo Salteño y el Ars Nova. Esa es su portentosa  predestinación. Su destino de hacernos falta...                                                                    

René Vargas Vera                                                         

Compositor y Crítico de música

Diciembre 3 de 2005

Sobre el blog

Dúo Salteño

Este blog está creado para todos los que amamos al Dúo Salteño: sus voces, su armonía, su repertorio. Difundir al Dúo, es una manera de agradecerles a Chacho y Patricio la emoción profunda e indescriptible que nos embarga al escucharlos.

Participá con anécdotas, fotos, comentarios y lo que se te ocurra. ¡Este espacio es nuestro!.

Ver ficha del blog en OboLog

Login

Comentarios

Zamba del Laurel (DAVID)
Soy un admirador del Duo Salteño por siempre El Duo Salteño...(23 jul)
Un estilo basado en la gran autoexigencia (Cuaresmillo)
Mario: Así es, hoy 21 de julio, es el cumpleaños del Chacho y lo estamos festejando en Salta... El a...(21 jul)
Duo salteño, teatro ift, nueva función, agenda, julio, Santo Tomé, Tucumán, Salta (manancancho)
Hola! y de las actuaciones en córdoba del 8 y 9 de agosto no hay publicidad? Ya tenemos to...(19 jul)
Un estilo basado en la gran autoexigencia (mario)
Hola  dueros!!!!!!!!!!!!! Qué buena noticia es que el Dúo esté ...(16 jul)
Letras del CD Vamos Cambiando (JORGE F.)
VAMOS CAMBIANDO es una canción alucinante, por su contenido literario y p...(15 jul)

Más comentados

Bienvenidos al blog sobre el Dúo Salteño de Argentina (45)
En 1967 se forma el Dúo Salteño integrado por Néstor “Chacho” Echenique y Patricio ...
Zamba del Laurel (16)
Letra y Cifrado Inauguramos a pedido de Oscar Carvalho Boden esta sección de Letra y Cifrado
Vuelta al pago (16)
Como se habrán dado cuenta, queridos dueros, estuve un tiempito ausente. De vuelta al yugo, después ...
Fechas de actuaciones del Dúo Salteño . Festejan sus cuarenta años (15)
21 DE JULIO  - CASA DE LA CULTURA  (CIUDAD DE SALTA) 22 DE JULIO - TEATRO MITRE (SAN SALVADOR DE ...
El Dúo Salteño en el Libertador (13)
  CBA | MAR 22 MAY | 13:59   Edición impresa | Espectáculos | Nota El Dúo Salteño en el ...

Suscripción

Suscríbete al Feed RSS XML

También puedes suscribirte directamente con alguno de los siguientes enlaces:

  • Suscríbete en Bloglines
  • Suscríbete en Google

Enlaces

DUO SALTEÑO EN LA CASA DE LA CULTURA DE SALTA
- EL 21 DE JULIO CANTANDO VIENE CLAREANDO
¿Qué Hora es?
-
RelojesWebContactos!
Hora Argentina
- Elige relojes para tu blog
El Pimentero
-
  • href="http://elpimentero.blogspot.com">El Pimentero
  • RECITAL DEL DÚO SALTEÑO
    - Cantando La Pomeña en el Teatro del Libertador (Córdoba) (20/10/2006)
    RECITAL DEL DUO SALTEÑO EN LA TRASTIENDA
    - CANTANDO COPLAS A LA LUNA (Gracias Roberto)
    VOTÁ AL DÚO SALTEÑO
    - Buscador Musical | Votolatino
    Votolatino | Buscador Musical
    Desde Francia Cécile Briavoine
    - Escuchen a esta excelente artista francesa Cécile Briavoine, interpreta al cante y a la guitarra "Madurando sueños" de Chacho Echenique.
    Laura Canoura
    - Laura Canoura ha sido nombrada ciudadana ilustre de Montevideo. Desde la otra orilla le mandamos un abrazo rioplatense
    Prueba de Sonido en Salta (Diciembre de 2005)
    - Antes de la Actuación en La Casa de la Cultura
    Recital del Dúo Salteño en La Trastienda
    - CANTANDO ZAMBA DE ARGAMONTE (Gracias bis Roberto!)
    DUO SALTEÑO EN LA PLATA (agosto de 2006)
    - CANTANDO CARNAVALITO DEL DUENDE IMPERDIBLE!!!
    CHACHO ECHENIQUE EN FUNCIÓN PRIVADA
    - DICIEMBRE DE 2005 EN SALTA CANTANDO ZAMBA DEL IMAGINERO
    CHACHO ECHENIQUE EN FUNCIÓN PRIVADA
    - DICIEMBRE DE 2005 EN SALTA CANTANDO ZAMBA DEL IMAGINERO
    Zamba de Argamonte
    - Dúo Salteño en La Trastienda interpretando Zamba de Argamonte
    Dúo Salteño interpretando "Remolinos"
    - Una magistral interpretación en la Casa de la Cultura de Salta el 21/7/2007 (Además con el agregado que era el cumpleaños de Chacho Echenique)
    DUO SALTEÑO EN LA TRASTIENDA 2006
    - APLAUSOS, BIENVENIDA A A BUENOS AIRES Y DESPUÉS LOS MAESTROS CANTANDO LA POMEÑA
    DUO SALTEÑO EN EL FESTIVAL DE COSQUÍN
    - OVACIONADOS EN COSQUÍN CANTARON ENTRE OTROS TEMAS, JUAN PANADERO EN ENERO DE 2006. (Lástima que por televisión fue en diferido y sólo pasaron dos temas)
    DUO SALTEÑO EN EL TEATRO IFT
    - EL 17 DE AGOSTO DE 2007 CANTANDO CORAZONANDO DEL CUCHI LEGUIZAMÓN