Un estilo basado en la gran autoexigencia
viernes, 04 de julio del 2008 a las 22:25


Culturas / Edición Impresa
el dúo salteño
Un estilo basado en la gran autoexigencia
Patricio Jiménez y Chacho Echenique vuelven a presentarse en Capital, confirmando la vigencia de un sonido que desde la década del sesenta sobresale por encima de todos los grupos de folklore.
04.07.2008
Los legendarios Beatles del folklore. Por sus armonías vocales tan exquisitas, alguna vez los compararon con John y Paul.
Mientras Chacho y Patricio hacen las fotos, sentados a la mesa uno frente al otro, el tedio que siempre acompaña a ese paso obligado necesita un matiz, algo así como un descanso en el medio de la obligación; entonces, un chiste de la fotógrafa (“ya terminamos, canten algo si quieren”) provoca que se tomen en serio la recomendación y el aire empiece a llenarse de una corta y susurrada versión de La Pomeña, la bellísima zamba de Castilla y el Cuchi Leguizamón.
Eso indica dos cosas: que el Dúo Salteño, que esta noche vuelve a desplegar su arte exquisito en el Teatro IFT, está como en sus mejores días, y que el duende del enorme Cuchi ya pidió permiso para instalarse en el medio de la conversación.
“Y sí, el Cuchi siempre está; él nos dio las bases hace 40 años ya y todavía lo extrañamos: pensá que lo conocimos cuando éramos muy jóvenes y como que nos enamoramos de él. Nosotros queríamos cantar como fuera, pero él nos hizo ver que la cosa era muy seria”, cuenta Patricio Jiménez, el más callado de los dos y aquel que, en el dúo, tiene la ardua tarea de hacer los increíbles y característicos contrapuntos.
“Él, por ejemplo, no quería que grabáramos: ‘falta, falta’, nos decía” completa Chacho Echenique, la voz de la melodía, que es el más verborrágico aunque siempre busque la aprobación de su compañero (tanto que cada dos frases mira al costado y dice “¿no es cierto, Patricio?”).
Ese “falta, falta” con que el Cuchi los martirizaba, con el tiempo, se transformó en un patrón de conducta, de tal manera que, fuera de la emoción que les produce escucharlas, se les haga difícil enfrentarse a sus grabaciones. “Claro”, explica Patricio, “lo nuestro tiene que ser muy trabajado, y pasaba que apenas empezábamos a trabajar los temas ya los grabábamos, entonces la mayoría de los discos no nos conforman”.
Esa declaración, que a la luz de la más breve escucha de aquellos registros antológicos es por lo menos increíble, es argumentada por Chacho de manera inesperada: “A los que les gusta nuestro trabajo no se dan cuenta, pero nosotros, que lo hicimos, sabemos que siempre hubiéramos podido dar mucho más”.
–Pero eso es estirar el nivel de exigencia; ¡lo que ustedes hacen es muy difícil!
Chacho: –Sí, pero si nosotros no lo hacemos así, si este tipo de música es hecha por dos voces iguales, se cae. Nosotros tenemos una estética y un contenido que no debe perderse; y además el arte jamás debe trabajar sobre la urgencia.
Patricio: –Con los años se nos hace más difícil volver a hermamar las voces, la afinación; necesitamos tiempo para volver a armarnos.
Conviene explicar, a esta altura, que el Dúo Salteño es, tal vez, una formación única: dos voces trabajadísimas (una conduciéndose por los caminos en que la melodía fue escrita, otra en un contracanto imprevisible que no hace más que aportar belleza, originalidad y “choque”, como explica Chacho) que abordaron el repertorio clásico del folklore y puede decirse que en muchos casos lo reinventaron.
Esa radicalidad, que tanto le debe al respeto por los silencios y el paisaje, también supo (y sabe) ser un obstáculo: “Siempre nos ha costado mucho todo; la cultura, que debería ser lo más fácil de difundir, es lo más difícil; nosotros jamás, en 40 años de carrera, pudimos hacer un show por televisión. Patricio tiene alguna esperanza, yo ya la perdí”, se lamenta Chacho.
Ahora sienten que esta noche tienen una de esas oportunidades que son a la vez un desafío y un gusto: la platea podrá escuchar aquellos viejos temas que ellos saben arropar de manera sofisticada y también material nuevo (aunque allí haya cosas que tienen sus años y que supieron trabajar con el Cuchi) que, por fin, los llevará de nuevo camino de los estudios de grabación: “No hacemos un disco desde el ’91 y ahora parece que ya en septiembre estaremos grabando; por eso nos gusta volver al IFT, que nos recuerda los tiempos heroicos, y en donde esperamos poder comunicarnos con la gente”, cuenta Patricio.
–Comunicar, no entretener.
Chacho: –No. Entretener nomás no. Y es que ahora se busca eso, que la gente se entretenga y no piense. Eso sumado a la desunión que hay: ya nadie busca que nos humanicemos. Parece que nos hubieran dado permiso para no preocuparnos por el sufrimiento ajeno o para mentir. Y el que miente está perdido: si hay algo que no se puede hacer en el arte es mentir.
Eso indica dos cosas: que el Dúo Salteño, que esta noche vuelve a desplegar su arte exquisito en el Teatro IFT, está como en sus mejores días, y que el duende del enorme Cuchi ya pidió permiso para instalarse en el medio de la conversación.
“Y sí, el Cuchi siempre está; él nos dio las bases hace 40 años ya y todavía lo extrañamos: pensá que lo conocimos cuando éramos muy jóvenes y como que nos enamoramos de él. Nosotros queríamos cantar como fuera, pero él nos hizo ver que la cosa era muy seria”, cuenta Patricio Jiménez, el más callado de los dos y aquel que, en el dúo, tiene la ardua tarea de hacer los increíbles y característicos contrapuntos.
“Él, por ejemplo, no quería que grabáramos: ‘falta, falta’, nos decía” completa Chacho Echenique, la voz de la melodía, que es el más verborrágico aunque siempre busque la aprobación de su compañero (tanto que cada dos frases mira al costado y dice “¿no es cierto, Patricio?”).
Ese “falta, falta” con que el Cuchi los martirizaba, con el tiempo, se transformó en un patrón de conducta, de tal manera que, fuera de la emoción que les produce escucharlas, se les haga difícil enfrentarse a sus grabaciones. “Claro”, explica Patricio, “lo nuestro tiene que ser muy trabajado, y pasaba que apenas empezábamos a trabajar los temas ya los grabábamos, entonces la mayoría de los discos no nos conforman”.
Esa declaración, que a la luz de la más breve escucha de aquellos registros antológicos es por lo menos increíble, es argumentada por Chacho de manera inesperada: “A los que les gusta nuestro trabajo no se dan cuenta, pero nosotros, que lo hicimos, sabemos que siempre hubiéramos podido dar mucho más”.
–Pero eso es estirar el nivel de exigencia; ¡lo que ustedes hacen es muy difícil!
Chacho: –Sí, pero si nosotros no lo hacemos así, si este tipo de música es hecha por dos voces iguales, se cae. Nosotros tenemos una estética y un contenido que no debe perderse; y además el arte jamás debe trabajar sobre la urgencia.
Patricio: –Con los años se nos hace más difícil volver a hermamar las voces, la afinación; necesitamos tiempo para volver a armarnos.
Conviene explicar, a esta altura, que el Dúo Salteño es, tal vez, una formación única: dos voces trabajadísimas (una conduciéndose por los caminos en que la melodía fue escrita, otra en un contracanto imprevisible que no hace más que aportar belleza, originalidad y “choque”, como explica Chacho) que abordaron el repertorio clásico del folklore y puede decirse que en muchos casos lo reinventaron.
Esa radicalidad, que tanto le debe al respeto por los silencios y el paisaje, también supo (y sabe) ser un obstáculo: “Siempre nos ha costado mucho todo; la cultura, que debería ser lo más fácil de difundir, es lo más difícil; nosotros jamás, en 40 años de carrera, pudimos hacer un show por televisión. Patricio tiene alguna esperanza, yo ya la perdí”, se lamenta Chacho.
Ahora sienten que esta noche tienen una de esas oportunidades que son a la vez un desafío y un gusto: la platea podrá escuchar aquellos viejos temas que ellos saben arropar de manera sofisticada y también material nuevo (aunque allí haya cosas que tienen sus años y que supieron trabajar con el Cuchi) que, por fin, los llevará de nuevo camino de los estudios de grabación: “No hacemos un disco desde el ’91 y ahora parece que ya en septiembre estaremos grabando; por eso nos gusta volver al IFT, que nos recuerda los tiempos heroicos, y en donde esperamos poder comunicarnos con la gente”, cuenta Patricio.
–Comunicar, no entretener.
Chacho: –No. Entretener nomás no. Y es que ahora se busca eso, que la gente se entretenga y no piense. Eso sumado a la desunión que hay: ya nadie busca que nos humanicemos. Parece que nos hubieran dado permiso para no preocuparnos por el sufrimiento ajeno o para mentir. Y el que miente está perdido: si hay algo que no se puede hacer en el arte es mentir.
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